Myanmar by night

Estándar

20130731-220352.jpgLa viajera llega cansada. Son las cinco de la madrugada. Ha pasado toda la noche en un autobús terrible durmiendo apenas nada por los vómitos de la mujer que iba sentada a su lado. Llega en plena oscuridad a un pueblo desconocido, a una casa de madera no sabe a q distancia del lago Inle, al este del país. Se escuchan pájaros y animales exóticos propios de la selva, parece que también monos aulladores, algún grillo, como en las películas asiáticas q a ella le gustan donde son tan largos los silencios y tan la lacónicos los diálogos.

20130731-221019.jpgLa recibe una mujer. La acaba de despertar el motor de la pequeña furgoneta que la trae desde la estación donde la dejo el bus. Es la dueña de la casa. Ya ha oído hablar de ella. Ella ya esta acostumbrada. Cada noche el mismo autobús trae a quien sabe cuantos y de que lejanos países viajeros anónimos, cansados y sin reserva.
Es guapa y joven a pesar de estar en pijama. Morena y con rostro aniñado pero se advierte en ella a una mujer dura y acostumbrada a tratar con viajeros. La negociación es rápida: la viajera acepta pagar 30 dólares por una habitación que en principio le ofrece por 35. Es una estancia preciosa toda de teka y con mosquiteras sobre las dos camas individuales. Y esta muy limpia y las sábanas muy blancas. Y tiene balcón propio hacia unas montañas desde las que la dueña asegura haber visto maravillosos atardeceres. Esta noche no se la va a cobrar y desea a la viajera que descanse.

20130731-221241.jpgCierra al fin las puertas y comienza a deshacer su equipaje en silencio. Sólo se escucha algún pájaro extraño. Parece que todo va a terminar bien y es importante que así sea. Las noches profundas en las que se cruzan kilómetros bajo la lluvia por carreteras infames han de terminar así. Ya le ocurrió también en Filipinas , recuerda su llegada a aquella casona colonial de Vigan. No sabe por que pero le viene a la mente Santiago Viralbo, de El invierno en Lisboa, y sus andanzas en novelas marineras y brumosas. También el viajero de Déjala que caiga, de Paul Bowles y su llegada a Tánger…

Ahora ya esta sola, ya no hay nadie más. Esta muy cansada pero siente cierta emoción por lo que esta viviendo. Sólo cuando amanezca sabrá donde se encuentra. Por unos momentos ha estado a punto de revelarle a la dueña su verdadera identidad: te digo quien soy y me cuentas tu vida. Pero se ha detenido a tiempo. Dicen que el gobierno tiene espías por todas partes y aún no sabe bien en quien puede confiar, lleva poco en el país. Empieza a sonar a lo lejos una voz de mujer q entona una triste canción… Mientras la viajera se introduce en la cama piensa que quizá sea una muchacha cuyo novio acabe de irse de la ciudad quizá para siempre, otro viajero perdido que busca quién sabe qué. O quizá sea un lamento por un amor que no pudo ser y la muchacha no logra olvidar. Que más da. No quiere entristecerse.

La viajera intenta dormir envuelta en el lamento y si le dejan las tormentas del monzón, abandonarse a oscuros pensamientos ahora que ya esta más sola que la luna y lejos de la ciudad.

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Acerca de Missuniversos

Viajo por afición, por vicio, por placer, por necesidad, viajo por perdición, viajo por nada. Viajo sin rumbo, sin mapas, sin guías, sin norte, a veces viajo sin ganas. Viajo para no estar sola, para no morir, para escapar, viajo para buscar, para seguir existiendo, viajera literaria. Mis citas favoritas: “Donde hay un deseo, hay un camino” y "Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". Me llamo Mónica y soy periodista.

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