Una noche con el universo

Estándar

Así que fui empotrada con el staff del lodge a preparar una noche bajo las estrellas para un grupo de 20 españoles. Casualidad.

Hacia las 12 de la mañana partimos hacia el sur en un desvencijado 4×4 Lesh, el jefe de la expedición, Tupeh, una de las cocineras y yo. Allí nos esperaba el resto del personal que ya había comenzado con los preparativos.

Yo solamente había pedido pasar una noche al raso bajo el cielo africano. Me daba igual entre baobabs, en el bosque… África me obsequiaba con el salar de Twetwe, un inmenso lago seco cuyo caudal se había desviado hacia años para alimentar las minas de diamantes, primera fuente de ingresos del país.

Tanto Lesh como Tupeh hablaban bien inglés y eran muy amables conmigo. Teníamos dos horas de camino por delante cargados con las camas donde dormiría tanto el grupo como nosotros, una especie de colchonetas con almohada y mantas.

A medida que nos adentrábamos en el bosque el paisaje iba cambiando… El suelo era de arena blanda y gris, como de playa y los árboles y arbustos estaban secos. No en vano es la estación seca ahora. Las lluvias llegan a partir de octubre. Ahora hace mucho frío n la noche y calor por el día.

  Íbamos entrando en el desierto. Sólo había silencio y el sonido de nuestro extravagante motor. Ni un alma. Hojas amarillas, secas… De pronto empezamos a ver vacas, les siguieron los vaqueros a caballo y las chozas n las que vivían. Increíble.

-Viven del ganado, me explico Lesh. Tu crees que estamos lejos de todo pero ellos saben llegar a todas partes.

Aquello me fascinaba. Estar cerca del Kalahari, entrar en el desierto, las chozas… Lesh paró el coche para que viera este baobab centenario.

Tuve que taparme la cara con un pañuelo. Estaba tragando polvo y hasta se me metía en los ojos. En realidad íbamos cubiertos de arena por todo el cuerpo. Entonces llegamos. Uffffff llegamos a la nada. La nada se abrió ante nosotros y tuve miedo de tanta inmensidad. Me hacia daño la línea del horizonte.  Me dolía esa luz.

Imaginaos esto en 360grados… Era un paisaje lunar. El cielo era como una bóveda, como una media naranja. Me acordé de La historia interminable, de Michael Ende. Sería así el reino de fantasía sí se lo hubiera llevado la nada? Si Bastián y Atreyu no hubieran intervenido, ¿Fantasía se habría convertido en esto?Ahora era un salar.

 No había nada que hacer allí. El personal tenía que preparar la cena para el grupo y algo de logística pero yo nada… Y no había donde sentarse ni sitio donde ir, nada q explorar  … Me vi frente a un vacío, frente a una inmensidad y algo se m movió dentro. Aquello era como un espejo que me devolvía mi imagen. Entonces sentí que el universo me invitaba a parar… No había que explorarlo todo, saberlo todo, preguntarlo todo, correr hacia todas partes, controlar la situación… Había que parar y sentir. Allí estaba yo, sintiéndome parte de ese abismo e integrando me con él. Me machacaba la cabeza la frase del explorador Wilfred Thesiger: “donde quiera que miraras no había esperanza”. Y allí, más que nunca, me resonaba Paul Bowles: “La llegada del día promete un cambio, pero cuando ha alcanzado su plenitud, el observador sospecha que es, una vez más, el mismo, el mismo día que ha estado viviendo durante mucho tiempo, una y otra vez, ese día enceguecedor que el tiempo no ha empañado”.

Mientras el grupo llegaba, los trabajadores colocaron sus colchonetas, los baños, hicieron la cena.

    

Entonces colocaron mi cama. Sola. Lejos de todos. Habían puesto al grupo por un lado, Gloria y Tupeh por otro, Lesh sólo y otros dos trabajadores por otra parte. Y yo allá. Frente al cielo. Despojada de todo. Que valían allí mis estudios, mis libros, mi casita de Madrid…

-This is your room, me dijo Gloria.


¿Allí iba a dormir yo? ¿Tan sola? Volví a tener miedo. ¿Por qué me ponían tan lejos? Sentí una inmensa soledad, pero no psicológica sino cósmica.

-No te preocupes, no hay seres vivos aquí. Ni arañas, ni serpientes… Sí crees que estamos cerca, mueve tu cama y vete más lejos. Eres libre.

Entonces comprendí. No me estaban haciendo una putada, me estaban haciendo un favor. Yo no había ido hasta allí para dormir protegida, había ido hasta allí para desprotegerme, para liberarme, para vivir una experiencia salvaje con la nada, cara a cara con el universo, para estar sola con la naturaleza, con quien era yo de verdad, lejos de las máscaras, de las capas, de los miedos,lejos de mis pequeñeces occidentales… Aquí estoy, universo, devórame. Y fue entonces cuando sentí paz, cuando me integré con lo que había y perdí el control. Y entonces me di cuenta de que no estaba sola. Estaba más protegida que nunca porque vi mi poder y fui libre.


Los seres humanos  tenemos miedo de todo. Perdemos la confianza en nuestro poder y buscamos seguridad: la seguridad de un trabajo, la seguridad de una persona a nuestro lado, el control sobre todas las situaciones diarias… Pero esa seguridad es falsa. Porque nuestra vida no es nuestra. Porque no hay nada más que el presente, lo que tenemos delante, porque nuestros planes pocas veces se cumplen, porque no hay nadie que venga al mundo con la misión de cumplir nuestras expectativas y porque dormir junto a alguien era sólo una ilusión, la ilusión de sentir que no estamos solos. Pero ¿por qué tenemos tanto miedo a la soledad? ¿Por que no despojarnos de ataduras y mirar cara a cara al universo aquí estoy que quieres de mi?  Krishnamurti asegura que el ser humano nace con el miedo al vacío. Y ese ese miedo lo que le hace creer en dioses y fabricar un mundo de seguridad.

Llegó el grupo. Cenó. Escuché los comentarios de siempre. Que sí no tengo miedo de viajar sola, que sí donde cojo los autobuses para moverme, que sí soy mochilera, etc

Y anocheció.

Y vi salir a Júpiter y a Venus. Y a Marte. Y a la Cruz del sur. Y abrí mi colchoneta  para meterme en sábanas que olían a limpio mientras el viento frío me rozaba la cara. Y no quería quitarme las gafas para no perderme este regalo que , como todo en la vida, aunque no lo queramos ver, es pasajero. Y en el fondo esa es la belleza. Que sólo tenemos lo que dejamos marchar. Que sólo somos verdaderamente libres sí esperamos lo inesperado. Llegar a un hotel cualquiera en un país cualquiera y que haya un regalo guardado esperando específicamente para nosotros. El regalo de recordarnos la fuerza de estar aquí y estar vivos.

 

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Acerca de Missuniversos

Viajo por afición, por vicio, por placer, por necesidad, viajo por perdición, viajo por nada. Viajo sin rumbo, sin mapas, sin guías, sin norte, a veces viajo sin ganas. Viajo para no estar sola, para no morir, para escapar, viajo para buscar, para seguir existiendo, viajera literaria. Mis citas favoritas: “Donde hay un deseo, hay un camino” y "Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". Me llamo Mónica y soy periodista.

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