Coming home (y II)

Estándar

Sello el pasaporte de salida de Botswana, adiós, y cuando llego a la ventanilla de Sudáfrica, me hacen pasar las mochilas por un scanner. ¡Atención! ¡me quieren quitar tres manzanas! Al parecer infringen varias leyes internacionales.

Defiendo mis manzanas con uñas y dientes y estoy dispuesta a ir a Estrasburgo y a La Haya alegando las dos razones que alego en la frontera insistentemente:

1. Esas manzanas han sido exportadas desde Sufafrica a Botswana. No veo por que razón no van a poder ahora hacer el camino inverso sin infringir la ley.

2. Esas manzanas son mi comida de hoy. Primera vez que veo en África que le quiten la comida a la gente y la dejen sin comer.

Finalmente dan mi caso por perdido y salgo con mis manzanas en la mochila. Para pecadora yo.

Llegamos a Jo’burg. Como nadie me mata en la estación Park Train consigo alegremente subir al Gautrain, un tren rápido y nuevo con tres líneas que me lleva a la estación Rhodesfield donde allí me espera el conductor que envía mi hotel a buscarme.

En el vagón pego la hebra con un tipo que al saber que soy española decide hablarme de Río de Janeiro y del portugués que se habla en Mozambique. Le sigo la corriente y le digo que cuando vaya a Río me llame. Iré a la cita en avión pero porque soy así de extravagante. Hablamos del peligro de ambas ciudades, Jo’burg y Rio, me asegura que Johannesburgo ya no es lo que era, y cuando nos bajamos en la misma estación me pregunta si quiero que se quede conmigo hasta que aparezca mi conductor. Declino su invitación sin saber sí es ángel o demonio, como siempre me pasa.

Desde las ventanillas del Gautrain veo que he regresado a la civilización. Johannesburgo es la ciudad más grande y poblada de Sudáfrica, principal centro económico y financiero del país y cuarta economía más grande de África subsahariana. Hay barrios escandalosamente ricos y acomodados y después están los township, las zonas marginales. Los unos construidos por los bancos. Los otros donde los blancos expulsaron a los negros. Tiempos del Apartheid.

Y ahora os escribo desde un hotelito en el tranquilo barrio de Benoni, a las afueras de Jo’burg y al lado del aeropuerto Oliver Tambo (desde donde saldré en un par de días para Madridmemata), tomándome una copa de vino sudafricano. Saudades de Botswana y lo agreste, la selva, el desierto. “El nómada se enfrenta a lo que le pone límite y por ello es máquina de guerra” (El paisaje habitado). Esta noche es un fado.

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Acerca de Missuniversos

Viajo por afición, por vicio, por placer, por necesidad, viajo por perdición, viajo por nada. Viajo sin rumbo, sin mapas, sin guías, sin norte, a veces viajo sin ganas. Viajo para no estar sola, para no morir, para escapar, viajo para buscar, para seguir existiendo, viajera literaria. Mis citas favoritas: “Donde hay un deseo, hay un camino” y "Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". Me llamo Mónica y soy periodista.

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