En Soweto

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François, el dueño del hotel, cocina de cine. Aquí veis un ejemplo de como prepara los desayunos. Dormí como una reina en esta camita de sábanas suaves y a primera hora salí para Soweto, un barrio a 24 km de Joburg, conocido por su peligrosidad, su chabolismo y por ser el kilómetro cero y máxima expresión de la lucha contra el Apartheid, el sistema de segregación racial que consistía en la separación de razas con base en la supremacía de la raza blanca.


En Soweto (south western township) viven 4 millones de personas y está dividido por barrios, algunos más decentes y otros donde no se puede ser más pobre y la gente vive en casas hechas con techos de chapa sin luz ni agua. Fue creado para asentar a los africanos negros que vivían en zonas que ambicionaban los blancos, un “quítate tu pa ponerme yo” y la zona se convirtió en un núcleo de hacinamiento y opresión.


Pero un día en 1976 todo explotó. El gobierno exigía la enseñanza en lengua afrikaans, la lengua de los colonos y la población se rebeló. Los disturbios se saldaron c 566 niños muertos. El apartheid terminó en 1994 con la elección de Mandela como presidente.


Para llegar hasta allí lo hago en un minibus fletado por las innumerables agencias que organizan visitas junto a una familia de holandeses y una pareja de escoceses. Nada más llegar el conductor nos dice que podemos bajar y pasear entre las chabolas, q es seguro.


Realmente comprobamos que así es. La gente nos saluda y sonríe a pesar de que les vemos cogiendo agua de las fuentes y la zona presenta condiciones infrahumanas e insalubres. Me desmarco un poco del grupo y no noto hostilidad. Estoy harta de entrar en barriadas marginales por mi condición de reportera y os aseguro que eso se palpa en el aire y que lo primero que hacen cuando molestas es tirarte piedras. El conductor nos lleva hasta una infraescuela, por decirlo de alguna manera, y allí la maestra nos pide dinero.


Me duele mucho ver a los niños tan pequeñitos y tan sonrientes en ese lugar pero, a pesar de que el grupo da dinero, yo no doy nada. Tengo por principio no dar propinas ni migajas. Los turistas no somos quienes debemos solucionar esa situación y no hay que acostumbrar a la gente a vivir de las propinas ni de lo que a otros les sobra. Eso es contribuir al subdesarrollo y a la subsistencia.

Tengo claro que esa no es la peor zona de Soweto, llevan a los turistas allí para sacarles dinero.


Después pasamos por la única calle donde han vivido dos premios Nobel, Desmond Tutu y Mandela. Entramos en la casa de éste, q ahora es un museo y nos abrimos paso entre los cientos de turistas y vendedores que a esa hora de la mañana pueblan la zona. Pasamos por la esquina de los disturbios y entramos en un museo que se ha erigido cercano con fotografías del trágico día.


Después entramos al museo del apartheid, uno de los mejores de Sudáfrica,  situado dentro de las instalaciones de uno de los seis casinos que hay en Johannesburgo, una ciudad de contrastes salvajes.

Leo una frase de Mandela que me impacta: “el apartheid está donde debe estar, en un museo”.

¿De verdad la humanidad aprende de sus errores? Si algún día vamos a ir a un museo a ver fotos de la guerra de Siria y de refugiados llegando a Grecia, si ya se sabe que no vale para nada, ¿por qué no acaba ya? ¿Para qué tantos museos de genocidios?

Hoy ha sido un  día duro. Regreso al hotel muy triste. A pesar de haber visto muchas barriadas chabolistas, los niños en las casas de latón es una imagen difícil de olvidar. Y después leo en prensa que el presidente de Sudáfrica, tiene q devolver 510000$ de los que se ha apropiado para reformar su casa.

Si fueramos un poco conscientes, el estado más corriente en el que deberíamos vivir es la perplejidad.

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Acerca de Missuniversos

Viajo por afición, por vicio, por placer, por necesidad, viajo por perdición, viajo por nada. Viajo sin rumbo, sin mapas, sin guías, sin norte, a veces viajo sin ganas. Viajo para no estar sola, para no morir, para escapar, viajo para buscar, para seguir existiendo, viajera literaria. Mis citas favoritas: “Donde hay un deseo, hay un camino” y "Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". Me llamo Mónica y soy periodista.

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