Digan lo que quieran… 

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… pero 2016 no ha sido un mal año, como la gente afirma.
Se fue Marisa, se fue Lorenzo, se fue J. (a dónde se fueron, ¡carajo! ¿no les vamos a volver a ver más? )… se fueron tantos y tantos seres que queríamos y que nos dejaron un poco más solos… solos con nosotros mismos, solos con nuestra soledad a cara de perro. Eso es un golpe de dolor. Pero nosotros añadimos el sufrimiento. No se han cumplido nuestros deseos. La vida no ha respondido a nuestras expectativas, a nuestros caprichos, a nuestros pensamientos. Y por eso sufrimos. Porque rechazamos lo que ocurre. Porque no lo comprendemos. Porque no lo aceptamos. Entonces ha sido un mal año.


Pero hay quien dice que la vida no se equivoca y nos pone delante lo que necesitamos para avanzar y crecer. (Malditas enseñanzas. Enseñanzas sin anestesia, enseñanzas a tumba abierta, enseñanzas de las que duelen. Enseñanzas que nadie quiere aprender).

Y esta es la verdadera lección. Que nada es un problema. Que las cosas ocurren por sí solas y somos nosotros los que ponemos la etiqueta. Eso es un problema, esto una putada, aquello una tragedia. ¿Según qué? nuestras expectativas, deseos, necesidad de control, etc. pero no son más que enseñanzas de la vida, cosas que ocurren. Quizá sin orden ni concierto.

Y  en mi mente está la muerte. No dejo de darle vueltas. ¿Acaso nos creemos que vamos a morir todos de viejecitos, con pelo blanco, en una cama acolchada con un vaso de leche caliente al lado y rodeados de nuestros seres queridos? ¿Quién nos metió esa creencia en la cabeza? La muerte viene cuando quiere. Cuando considera que ha llegado el momento. Con tragedia y sin tragedia. Cuando esa persona ha cumplido su misión. (¿cual era esa misión?)

Por eso ahora sólo creo en la importancia de aceptar. Aunque no entendamos nada. De cambiar las cosas si podemos, de aceptarlas si no. En la importancia de soltar las cosas que no nos hacen falta para comenzar el año nuevo. Una matrioska nueva comienza un nuevo año. La matrioska anterior ha muerto.

Y a vosotros, los que ya no estáis aquí, si me estáis leyendo, que sepáis que no dejáis de existir. Las personas existimos en referencia a los demás. Existimos porque los demás nos quieren y nos recuerdan. Es como esconderse. Si nadie te busca, no estás escondido. Sólo estás. Uno está escondido porque le buscan y no le encuentran. Eso es existir. Existir es inter-ser.

 

Bienvenido 2017. Lanzo la moneda al aire y que sea lo que quiera.

Anduvimos por el cementerio …

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…aquél, de aquel pueblo perdido de Las Hurdes. Era el 1 de noviembre, fecha en que los muertos acuden a su cita.


Andábamos entretenidos, despistados, casi divertidos. (Qué poco imaginaba yo que sólo unas horas más tarde volvería a hablar de muerte otra vez en mayúsculas).

Me viene a la cabeza casi cada día el final de la novela Cumbres Borrascosas “… Me admiré de que alguien pudiera atribuir inquietos sueños a quienes descansaban en tan quietas tumbas…”

Hiroshima o la mejor crónica periodística…

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… de todos los tiempos (o eso se dice).

hiroshima

El reportero John Hersey se centra en seis personajes afectados por la bomba (hibakushas). Desde el fatídico 6 de agosto de 1945 hasta sus últimos días. Alucinante investigación y extraordinaria narración. Muy recomendable. Los que podáis conseguirla, os sugiero también que veáis lal película Lluvia Negra, del director japonés Shoei Imamura, también sobre las consecuencias del lanzamiento de la bomba en la población. Veréis así cómo repercutían los efectos pasados los años en el cuerpo humano y cómo los afectados eran, de alguna manera, rechazados.

Olé, olé, oléeee otra vez!!

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De nuevo mi revista literarioviajera favorita, La Línea del Horizonte, publica un reportaje mío, mi viaje a Omán. Fue hace ya algunos veranos cuando decidí presentarme a 53 grados en el sultanato más enigmático del planeta…

http://lalineadelhorizonte.com/revista/donde-nadie-conoce-a-simbad/

 

oman

 

Reportajes y periodismo

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Aquí van más recomendaciones literarias cargadas de buenas historias


En el primero el autor nos hace un retrato de como se gestaron los grandes reportajes de la historia del periodismo citando desde Jack london a Gay Talese. El segundo es una brillante historia bien escrita por el reportero  de The New Yorker Joseph Mitchell sobre un excéntrico vagabundo bohemio, Joe Gould. La historia de Joe Gould es la historia de cada uno de nosotros. Imprescindibles.