Nuestras vidas

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La muerte no es el final

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Ayer fui al teatro a ver Celebraré mi muerte con David y Rut. Una obra basada en un hecho real. La condena al doctor argentino Marcos Ariel Hourmann por haber aplicado la eutanasia a una paciente de 82 años que se lo pidió. Termina con mi sufrimiento. No quiero vivir más. Y la hija también. No quiero ver más así a mi madre. Y el doctor llenó la jeringuilla de cloruro potásico y la inyectó. Y el cuerpo de Carmen quedó así sin vida. Y su alma emprendió el vuelo hacia el mundo infinito. Doctor ayúdeme. Doctor sáqueme de aquí. Si sólo queda en mí dolor y vida, doctor, no me deje vivir.

Y lloramos los tres. Ellos porque su madre ya veía esta obra desde el cielo después de años de sufrimiento. Ellos porque buscaron la jeringuilla y la ley se la negó. Ellos porque escucharon el poema del aita Txema en la boca del doctor y vieron a su ama feliz desde allá arriba. Nunca me olvidaré de vosotros. De quereros nunca. Yo porque me dolía que la mayor tragedia de la vida sea no vivir.

Qué cosa es que te den la vida y libertad para vivirla y no sepamos vivir. Qué cosa es que no nos podamos marchar cuando queramos y a veces nos marchemos sin dar explicación. Mi última extravagancia es creer que formamos parte de una plan universal de amor y que todo pasa para bien aunque sea inexplicable. Mi última extravagancia es pensar que la muerte no es el final y que nos volveremos a ver. Que somos almas y que hemos pactado por amor para ayudarnos a vivir. Que volveremos aquí a volver a intentarlo. Nacho, Lor, J y tantos. Pablo Fierro también. Y Manolo y Amparo, qué sé yo. Nos volveremos a ver. Mientras tanto ayudadme a vivir. No me quiero ir de aquí sin haber vivido.

Robert Louis Stevenson en Samoa y…

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¡¡en La línea del horizonte!!, la mejor revista de viajes y literatura que podéis leer ahora mismo…

Bienvenidos a Villa Vailima, la mansión donde vivió y murió Robert Louis Stevenson en la isla polinesia Samoa. Bienvenidos a mi viaje a otro lugar literario.

http://lalineadelhorizonte.com/revista/robert-louis-stevenson-en-samoa/

Qué alegría me he llevado

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Acabo de llegar de El Pato amarillo de llevar ropa ¡¡y me he encontrado allí con Gloria!! No sabía que se conocían… Qué ilusión me ha hecho ver juntas a mis dos ángeles.
Os recuerdo que El Pato amarillo es una asociación de madres y abuelas (ahora ya también hijas y nietas) que recogen ropa y comida, la lavan, limpian y remiendan y la reparten entre más de setecientas familias pobres que cada día hacen cola y aguardan su turno en su local del madrileño barrio de Orcasur.
Y Gloria lleva Proyecto Gloria. Recoge hombres de la calle y les lleva a vivir con ella. Con una furgoneta que tienen recogen muebles usados, los restauran y venden en dos mercadillos que tienen. Así es como viven. Y Gloria asegura que son su única familia.
Os dejo dos enlaces para refrescar la memoria.
http://periodismohumano.com/cooperacion/atendemos-a-casi-seiscientas-familias-la-mayoria-espanolas-que-en-su-dia-fueron-de-clase-media.html

http://periodismohumano.com/temas-destacados/hemos-querido-morir-antes-de-llegar-a-casa-de-gloria-ahora-todos-queremos-vivir.html

Y las webs de los dos proyectos, por si queréis colaborar:
http://www.proyectogloria.org

asociacionpatoamarillo.com

También en este blog encontraréis información.
Hay ángeles entre nosotros.

Sydney, last hours

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Sydney final de viaje, Sydney game over, Sydney se me acaban las vacaciones ¡ay!, se me acaban los días, se me acaba el tiempo y tengo que volver.

En Sydney me alojo en una habitación dentro de una casita de Airbnb muy cerca de la céntrica parada de metro Stanmore y al ladito de uno de mis barrios favoritos de Sydney, Newton. Una bonita habitación de madera en una zona muy tranquila cerca de un monasterio budista.

img_20181105_1243047926152118782127051.jpgLos días que paso en Syney los dedico a pasear por la ciudad, a curiosear, a olisquear una urbe nueva, acogedora y amigable y, sobre todo, una urbe que vive la transición de la primavera al verano. En Sydney luce el sol y me dice que me quede. En Sydney se alternan los aborígenes con Cocodrilo Dundee.

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A Sydney traigo muchas preguntas, muchas dudas, muchas reflexiones y muchos recuerdos guardados en mi corazón. Sydney es final de viaje, última parada y me hace caminar con nostalgia y avidez, con ganas de verlo y sentirlo todo y sin ganas de marcharme.

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Me quedaría a vivir en Sydney, regresaría a Samoa, me bañaría de nuevo en la Blue Lagoon de Airlie Beach, treparía otra vez por el King’s Canyon o por Kata Juta, sería nuevamente suncamer o sungoner, bebería otra vez los vinos de Adelaida y volvería a amanecer en Melbourne una y otra vez. Wake me up when it’s all over.

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¿Por qué unas culturas evolucionan y otras no? ¿Por qué unas evolucionan y se desarrollan más que otras? ¿Evolucionan menos las islas? ¿Cómo influye el aislamiento? La respuesta es no porque Australia es una isla y se ha desarrollado. Islandia es una isla y se ha desarrollado. ¿Por qué Samoa no? ¿Por qué vive de las remesas de samoanos y no de una autogestión evolucionada? Según Fabio ( no os lo presenté pero lo conocí este verano en Menorca), la respuesta la tiene el antropólogo Jared Diamond en su libro Armas, gérmenes y acero. Habrá que leerlo. Una lectura más para rematar este viaje.

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¿Por qué nos comemos a los animales? Thoureau en su Walden asegura que el siguiente paso que hemos de dar como humanidad es dejarnos de comer a los animales ya que venimos del canibalismo y un acto de evolución espiritual y de desarrollo sería comer sólo vegetales… pero Arsuaga en su libro Los Aborígenes (las lecturas de los viajes me trastornan) explica cómo ya nos comíamos a los animales mucho tiempo atrás y cómo eso nos hizo evolucionar incluso cambiar nuestro cuerpo. Nuestra mandíbula cambió para que pudiéramos comer carne. ¿Cuál es nuestro siguiente paso si queremos ser una humanidad estelar o seres de luz? (¿Queremos ser una humanidad estelar tras un proceso lento, sostenido y esforzado?)

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¿Por qué pasamos la vida en un trabajo que poco o nada nos motiva o nos interesa? No es mejor dedicarnos a nuestra pasión, como William Finnegan en Los años salvajes e ir pagándola con trabajillos ocasionales? ¿por qué hacemos cosas que no queremos hacer? Todos estos libros me han cambiado, al igual que el viaje. Triste es el viaje que no hace al viajero. Tristes los libros que no transforman al lector. Y yo vuelvo transformada. Aunque sea un poquito. Me quedan horas en Sydney y ni siquiera logro formarme una idea de cómo estará Madrid. Madrid en otoño, Madrid en noviembre, Madrid donde me refugio.

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Paso la mañana caminando por el centro de la ciudad donde me impactan imágenes como esta de aquí arriba, un tipo meditando en movimiento en plena calle. Cojo el metro, después el tren y llego al aeropuerto internacional Kingsford Smith donde me espera mi vuelo de Etihad para llevarme a Abu Dhabi y de allí a Madrid. A España. Los países no existen. Las fronteras tampoco. Ni la patria. Son símbolos.

img_20181106_074246-011303895221207914483.jpegSiempre hay un vuelo que me deja en Madrid.