Darlo todo

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Al fin alguien me da una clave para vivir: darlo todo. Esa es una respuesta para la mujer que buscaba. Ha sido el nutricionista Julio Basulto en un reportaje para Comando. Quería compartirlo con vosotros porque hoy de nuevo he vivido un día por los que merece la pena esta profesión y este trabajo. Julio es un tipo sensible, empático, de extremada inteligencia y brillantez, ágil, culto y listo. Nos hemos caído muy bien. Y Olga Ayllón, también nutricionista, su mujer, y sus hijas… Una familia sensible y comprometida con la que me he identificado mucho y a la que me ha gustado conocer. Me encanta conocer gente así. Su empatia y su sabiduría me reconcilian con la vida. Es un gran placer conocer a personas inteligentes que además son buenas y que además quieren ser mejores.

Estábamos grabando recursos. Y charlamos de cualquier cosa. Empezamos por Saramago y seguimos por Gerald Durrell. Y entonces lo dijo : “sabes cual es la clave principal de la vida? Darlo todo. Porque cuando lo das todo, eso se queda en ti, no se va. Saramago escribió, después estuvo muchos años sin publicar y después volvió. Y fue premio Nobel. Lo que das se queda en ti. Y cuanto más des, más tienes. No lo pierdes.” Ufff me vino a la cabeza Zorba el griego : “vivir es liarse la manta a la cabeza y buscar problemas”. Y una frase del Papa respondiendo a Évole sobre Trump: “el que construye un muro termina preso de él”. Entendéis la relación? Vivir es salir del muro. Para vivir hay que darlo todo, eso es vivir. Vivir no es esconderse ni resguardarse. No es protegerse, no es cerrar la mano. Julio que valiente! Le recomendé El coloso de Marusi y Mientras dure la guerra. Le recomendé Los Durrell. Acostumbrada a la bazofia intelectual que me rodea, me parecía que estaba ante un premio Nobel. La vida, el universo o el que sea me ha puesto a esta persona delante con ese torrente de sabiduría que me ha tenido boquiabierta toda la tarde. Creo que ha sido un regalo de mi hermana Noe, que fue quien primero me habló de él. Personas que reflexionan, personas que se cuestionan, personas que buscan, personas que no se conforman.

Julio y su familia son vegetarianos, como no podía ser de otra manera. Y yo les he podido hablar de mis menús, mis alimentos y platos y no han hecho bromas, qué gran placer.

Ahora me he venido a un vegetariano a cenar coliflor con salsa de cilantro y tahine con granada. Estoy en el restaurante Sésamo, cerca del Raval.

No sé si mañana madrugo, en qué ciudad estoy o si sé regresar al hotel . Solo siento que estoy feliz y que salga como salga el reportaje, ya puedo dar las gracias.

Para dramas pequeños

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Llego a la isla de Karpathos a bordo del ferri Preveli, de la compañía Anek.

Me encuentro bien,. Con alegría y cierta felicidad que se acentúa al descubrir que en el bar hay tiropita, mi pastel de queso preferido. Son dos horas de trayecto entre Halki y Karpathos que paso leyendo el libro del club de lectura, Los Maia y El mundo de Sofía paralelamente. Con mi tiropita que no quiero que se acabe nunca y mi café frapé. Placeres griegos.

De pronto noto ciertos movimientos en el estómago y cierto lejano y familiar dolor en la cabeza y decido ir a preguntar si tienen pastillas para el mareo.

Tras coger el ascensor y bajar a la segunda planta, recorrer los pasillos de los camarotes, la tienda, el comedor y los bares como si estuviera en un rascacielos flotante, descubro a un empleado en una de las recepciones y le pregunto. Me regala una pastilla que me apresuro a tomar. Le pregunto cómo se llama este medicamento mágico , me responde : dramamini.

Dramamini? Como para dramas pequeños? Me da la risa. Realmente caigo en la cuenta de que es una lección de humildad para los que sienten que su mareo en el barco es una gran tragedia. No. Porque la solución es Dramamini. Y dicho y hecho. Como la purga de Benito. Dramamini actuó y salí del barco como una rosa.

(después me acordé de que nuestra Dramamini se llama Biodramina, para dramas de la vida, algo más profunda e intensa. Cosas que se entienden en Grecia).

Miss Stamatia

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Hoy he madrugado para conocer una nueva isla, Halki, al este de Rodas. Llevo algunos días conociendo las islas del archipiélago Dodecaneso, que no me pueden gustar más. Voy cogiendo y dejando barcos, bañándome en todas las playas y piscinas que puedo y comiendo Dakos, yemistá y grilled octopus con tzatziki como si no hubiera futuro.

Pero hoy me ha ocurrido algo especial.

Aunque tenía planes de dormir en el ferry la hora y media que dura el trayecto Rodas-Halki, el mal tiempo ha hecho no sólo que no conciliara el sueño sino que se me revolviera el estómago hasta el punto de vomitar dos veces, no he sido la única, y querer arrancarme la cabeza y arrojarla al mar en varias ocasiones. Y tras haber dormido poco mi última noche en Rodas por razones que ya explicaré y desayunar menos por motivos que no vienen a cuento, descompuesta, destrozada, insomne y con ganas de besar la tierra como si fuera El Papa, desembarqué en Halki.

La isla no puede ser más bonita, sólo tiene una ciudad, Halki, un pequeño pueblo de casas de colores neoclásicas de varias plantas que se abren a la bahía.

Mi hotel eran unos apartamentos que no sabía bien dónde estaban ni por tanto como llegar. Llamé a un teléfono que venía en la web y me salió un señor que estaba en Rodas y me dio a su vez otro nombre y otro teléfono, el de Miss Stamatia. Parece que era su madre.

Paralelamente a esto, yo había ido haciendo mis pesquisas en el puerto preguntando a unos y a otros dónde estaban Dorothea apartments, que así se llamaba mi refugio de turno en la isla.

Y cuando ya había comprobado que Miss Stamatia no tenía whatsap y a nadie le sonaba mi dirección, arranqué a andar a ver si me lo encontraba. Era un puerto pequeño, no podía estar muy lejos.

Y entonces uno de los señores que yo acababa de preguntar y que estaba sentado en una silla en el puerto mirando la vida pasar mascando un palillo por toda misión, me gritó stop! Stop! He knows where is the apartment! Mientras señalaba a otro lugareño que se dirigía hacia mí con paso animado salido no se sabe muy bien de dónde pero me cogió la maleta y me dijo follow me.

Y yo pues le seguí escaleras arriba subiendo la montaña bordeando casas hasta que llegamos a una casa señorial de piedra con contraventanas de madera marrones y vistas a la bahía, subimos dos plantas por las escaleras y me dijo esta es tu habitación, señalándome la más bonita de todas, un ático blanco y azul rodeado de mar.

-Y tú quien eres, le pregunté. El dueño?

-Me llamó Jimmy, soy de Albania como todos los trabajadores de las islas y soy albañil, amigo de esta familia. Sé que alquilan estas habitaciones.

Me quedé alucinada. Había seguido a un albañil cargado con mi maleta montaña arriba que me ayudaba voluntariamente, porque ni si quiera era el dueño de la casa.

-Si vas a alguna Taverna, que sea la de María. El supermercado el de Petros. Y vamos a esperar a que llegue la dueña y confirme que esta es tu habitación.

El tipo no podía ser más generoso y servicial.

Y entonces apareció.

Agotada tras subir las dos plantas de la casa a pie y jadeante, apareció una señora bajita y delgada con media melena blanca, sombrero de paja y un vestido verde de botones. Llevaba una bolsa con un melón amarillo y otra con aceitunas negras. Inmediatamente me cayó bien.

-Cómo no me has llamado? Soy Stamatia.

-Bueno, ví que no tenía usted whatsap y me eché a andar y como esto es pequeño…

-Esta es tu habitación, es la más bonita. De dónde eres, qué tal el viaje, vienes sola…

Yo estaba contentísima. La zona me recordaba mucho a las callejuelas de La Valletta y a aquella mañana maltesa que desperté también rodeada de mar en el hotel Grand Harbour.

Jimmy se fue tras explicarme como llegar andando a las playas y Miss Stamatia me hizo ver otras habitaciones por si me gustaban más, pero a mi me gustaba la mía. Estábamos en la planta mas alta de una casa en la zona alta y todo alrededor era mar. Eran las 11 de la mañana y ya apretaba el calor. Estaban todas las ventanas abiertas y corría el aire.

-Debes de estar cansada, hoy hace mal tiempo para navegar, pasa a esta habitación y abramos el melón.

Entramos en una habitación de alguien que había salido pero que había dejado impoluta y nos sentamos en una cocina clásica, antigua, azul y blanca y muy soleada. Todo era tranquilidad a nuestro alrededor. No habia nada que hacer. Estaba ya en Halki, había llegado a mi destino y era maravilloso. Y delante de mi había un gran personaje que no me podía dejar escapar.

Miss Stamatia abrió el melón más rico y dulce que existió jamás y nos lo fuimos comiendo a medias. Me contó su historia.

-Vengo aquí solo en verano, compré esta casa a un familiar hace ya muchos años. En Halki he tenido 4 hijos y en invierno me voy con ellos a Rodas. He recorrido todo el mundo porque mi marido era capitán de barco y yo telefonista de radio así que hemos viajado mucho juntos…

Era una caja de sorpresas. Le calculé unos 75 años. Hablaba bien inglés con acento griego y con un tono alegre y cantarín que la hacía encantadora.

-Tú tienes hijos?

-No… Nunca me ha interesado la maternidad. Me gusta ser libre…

-Estás muy bien así, aunque cuando los niños son pequeñitos eso da mucha felicidad. Es una de las cosas de la vida que dan felicidad. Mira, la vida es muy corta y la felicidad hay que irla agarrando por donde puedas.

Hacia gestos en el aire como de agarrar cosas.

-Para mí los momentos de felicidad es darme cuenta de que alguien me quiere, sea quien sea, los momentos que pasas junto a las personas que te quieren, me sinceré con ella.

Entonces me respondió :

-Eso que dices está muy bien pero da más felicidad dar que recibir, dar el amor que llevas dentro y no esperar a recibirlo.

Me dejó sin respuestas. Miss Stamatia era una persona buena y sabia. Grecia siempre tiene regalos para mi.

Hellas panda

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He dejado a Coco en buenas manos. Las llaves directas a Miguel tras encontrarme con Lorenzo, como no podía ser de otra manera, las plantas al chico que limpia el portal. Empastillada hasta las cejas, vestida de blanco y azul, dándole vueltas al viaje a Itaca y con un regalito para Eli y Vasiliki en la maleta comienzo mi viaje número tropecientos a mi país fetiche.

Y esta vez vuelo con la mejor compañía, Henry Miller y un representante de dios. En vuestras manos me pongo.

De Cracovia a Segovia

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Acabo de llegar de Segovia, un lugar al que últimamente voy bastante. Reconozco que es un sitio precioso. He estado grabando para Comando al sol.

Y quería contaros que, nuevamente, he sido feliz. El viaje ha sido una paliza, no hemos parado ni un rato a descansar, pero yo lo llevaba bastante bien organizado y estructurado. (aunque reconozco que este viaje que hemos hecho en dos días quizá deberíamos haberlo hecho en tres. Lo tendré en cuenta para los siguientes comandos).

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Así fue mi llegada. Próxima estación Segovia Guiomar. Había pasado muchas veces por ahí sin pararme, pasando de largo… recuerdo en alguna ocasión haber dejado su paisaje nevado…  y el viernes al fin Segovia ya era mi destino. Segovia principio y fin. Salí del recinto y me encontré con un solo taxi, un autobús y unas cuantas vacas muy tranquilas a las que les importaba poco quién era yo o qué aventuras iba a vivir.

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Cogí el taxi, envidié un poco a las vacas y me dirigí al hotel Eurostars en la plaza del Acueducto. Allí, ilusa de mí, pensé que por 169 euros que costaba la habitación al menos tendría vistas al famoso monumento romano… pero no. Lo más parecido a mi situación era El Tragaluz de Buero Vallejo. El hotel, de cuatro estrellas, tenía también una terraza con vistas al acueducto con cuatro sillas, alguna sucia y sin ningún orden ni concierto. La cuarta estrella debería caerse ahora mismo. Ya lo dijo Mari Trini.

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Decidí ir a la recepción a confirmar que mi destino para el finde era un zulo. Se confirmaba. En la recepción una joven me aseguró que no me podía cambiar de habitación porque estaban llenos. Pero más allá de eso a mí me alucinaba que en un hotel de esa categoría y con esa ubicación tuvieran sótanos para huéspedes.

Pero la noche del viernes me esperaba con un buen plan. Dejé de lado mi destino infausto en el hotel y salí porque tenía una cita con María Coco. Ven a cenar sushi conmigo a mi terraza, me dijo. No se me ocurría mejor plan para la noche segoviana. María y yo nos acabábamos de conocer no hacía un mes en el comando #comidasdelmundo y la siguiente vez que iba yo a Segovia ya cenábamos juntas en su restaurante Sushicatessen. Tiene una terraza preciosa en un parque, el sushi te lo hacen al momento y el tartar de salmón es inigualable. Mi encuentro con María me redimió de mi desencuentro en el Eurostars. Y me confirmó algo que he descubierto en Comando. Que a quien es positivo le va bien. Y quien busca, encuentra. Y quien la sigue, la consigue.

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Hablamos de amores y desamores, de encuentros y despedidas, también de no despedidas y también de desencuentros. María es una chica valiente que sin dejar su carrera periodística ha sabido llevar el negocio del sushi a Segovia, Logroño, Ciudad Real o Valladolid. Siempre positiva y decidida.

Regresé contenta al zulo y a la mañana siguiente había quedado con Óscar, mi cámara en este viaje, a las 10 de la mañana en el Monasterio san Antonio el real. Nos esperaban dos largas jornadas juntos. Con Óscar se trabaja bien.

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Me gustó la historia de Pilar y su hijo Hugo, de Alberto y su hija María, de las 5 clarisas que sobreviven a los nuevos tiempos y a la falta de vocaciones. Me gustó subir a la torre de la catedral con José María y pasar por la casa de los campaneros.  Me gustó descubrir el restaurante La Almuzara, la casa de Machado, (los pensamientos de Machado y las frases eternas de Machado) (confieso que me acordé de Nacho, que le llamaba San Antonio Machado. Nacho, estuve a punto de comprarte un libro. Sé que te hubiera hecho ilusión que te lo hubiera comprado en la misma pensión donde nuestro poeta querido pasó más de diez años mientras impartía clases de francés. Quizá te hubiera comprado la historia de Guiomar o algún otro con sus pensamientos… Pero cómo se envían libros al cielo, dímelo tú.) , la cárcel con su carcelero y su artista, la carroñada de buitres de la mañana siguiente y nuevamente Sushicatessen.

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A pesar de la paliza, grabar me sigue pareciendo una aventura. Cómo si no iba yo a subir a la que en su día fue la torre más alta de España. Cómo si no iba yo a tener el lujo de que Christian Hugo me regalara un libro con su obra o de conocer a Jose, otrora albañil ahora amo de llaves de la cárcel. Cómo si no iba yo a ver buitres leonados a medio metro de distancia o poder contarle a un experto en Machado, Juancho del Barrio mis reflexiones y suposiciones sobre la vertiente budista del poeta sevillano.

Cómo si no iba yo a haber entrado en La Almuzara y pedir un almuerzo con prisas y el tiempo contado y que la dueña se girara y nos dijera sentaos, hay tiempo, ya está en marcha. Gracias, volvimos a cenar, que lo sepas. Gracias por demostrar que la solidaridad y la responsabilidad que se presuponen cuando uno come ecológico y vegetariano hay que demostrarlas con los seres humanos. De nada sirve ser un consumidor responsable si después tratas a las personas a patadas.

No eché de menos Cracovia. Deseandito estoy volver a Segovia. Y que Comando me acompañe.

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(Ya os cuento cuándo sale)